Me permitirán vuestras mercedes que antes de comenzar el relato que me dispongo a narrarles, les aclare que nada más lejos de mis intenciones que mancillar el nombre del Ilustre Don Miguel de Cervantes Saavedra ni el del hidalgo caballero Don Quijote de la Mancha, protagonista de la sin par obra del mismo nombre, que escribió Don Miguel. Y tras esta necesaria aclaración, me dispongo a hacer una breve crónica de los acontecimientos que recientemente acaecieron en....
En un lugar de la Sierra de Guadalix, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho que aconteció un suceso, que no por haber sido protagonizado por damas de ilustre nombre, podríamos llamarlo "de señoras de alta alcurnia". Me apena comprobar que los libros de caballerías siempre han sido referidos a caballeros andantes y no ha nombre para los libros de andanzas de damiselas ociosas y de dudoso gusto. Por ello mi osadía me anima a bautizar dichos libros sin nombre como "Libros de Damiselías", y espero que vuestras mercedes tomen esta mi licencia como un sainete jocoso y de poca trascendencia.
Hete aquí que Doña Elettra Culo de Mula, llamada así por las evidentes protuberancias en sus cuartos traseros y no por el número de cabezas de sus caballerizas, y Doña Aylén de todos los Chiles y Argentinas, se encontraban la noche de ayer en sus aposentos ociosas y completamente hastiadas. Charlaban entre ellas de fruslerías varias cuando una de ellas vio una luz en el horizonte que cegó sus pocas entendederas y cual gorrino retozante y animoso, dio un brinco en el camastro y le dijo a su compañera de aventuras:
- Pardiez! Algo grato me llega a la mente! No podemos seguir con aquesta inacción! Deleitemos a nuestros compañeros de posada con una brillante a la par que divertente chanza!!.
- Qué proponéis, amiga mía?. Contestó la otra.
- Divirtamosnos! Tiene vuestra merced ganas de cagar?
- Cagar?? Pero qué tramáis.... picaruela!
- Tenéis??
- No, no tengo. Es imprescindible para vuestros planes? Porque podría esforzarme... No cenamos duelos y quebrantos, pero las lentejas son más flatulentas.
- Bien. Acompañadme al excusado.
Y entre risas y carrerillas se encaminaron las doncellas al lugar habilitado en la posada para las deposiciones y las aguas menores, donde, convenientemente encerradas con cerrojo y siete llaves, comenzaron a llevar a cabo su plan, consistente en el esparcimiento por todo el recinto de papeles mancillados con algo color parduzco y maloliente. Pero no contaban ellas con la inesperada visita al excusado de Doña Aída de Nízar y Otrasyerbas que venía acompañada de su escudera Doña Daniela Masyerbastodavía Ypuedequefumadas, que se disponían a aliviar sus hinchadas y aporreadas vejigas, y se encontraron con la puerta del excusado cerrada. Al intentar abrirla, oyeron voces.
- Quién va??. Dijo una de las damas, Doña Aída.
- Soy yo, pero va poco. Paciencia os imploro!. Contestó Doña Elettra
- Salid ligera!
- Eso intento!
- Salid ya! Tal es mi urgencia!
Mientras tanto, Doña Daniela escuchó unos gemidos procedentes de no tenía muy claro dónde y mandó callar a Doña Aída, que seguía a voces con la puerta del excusado. No tardó la dama en comprobar que los gemidos venían de tras la misma puerta, pues rauda cual rayo de allí salió Doña Aylén, con los cabellos cubriendo su rostro y haciendo como que lloraba (en realidad reía, la muy ladina). Tras Doña Aylén, Doña Elettra, más pausada y cubierta con una capamanta.
- Finitto. Podéis penetrar adorables damas.
Cuando las adorables penetraron en tan estrecho y maltrecho cubículo, se tornaron sus humores en maledicencias y convinieron vengar tamaña afrenta. Dijo Doña Aída:
- Quita, que voy a cagar!
Y cagó. Y esparcióse mierda y boñigas, ahora sí, por el suelo del excusado. Y el hedor se tornó tan insoportable que ni el Ilustre Caballero Don Marco Amore pudo soportarlo, pues al intentar micción cayó casi fulminado al punto.
La batalla estaba servida y el Libro de Damiselías en marcial marcha.
Gritos e improperios se escuchaban por todas las estancias de la posada. De una parte Doña Aída y Doña Daniela, muy dignas, pedían explicaciones urgentes a Doña Aylén en uno de los dormitorios, mientras Don Marco observaba la escena atónito y sin mediar palabra, tan elegante como siempre. De otra parte y en otro de los aposentos, Doña Elettra, Doña Emma La Inerte, Doña Irma La Dulce, y Doña Alyson La Ultramarina, escuchaban incrédulas a la par que divertidas la cada vez más agria conversación entre las damas vecinas.
La broma quedó en disgusto, pues nadie tenía a bien limpiar el honor y el hedor dejado por las damas. Para alivio de los presentes, Doña Aída aseó el excusado de sus regalos, pero dejó para Doña Aylén el lustre del resto de la broma, que se dispuso a dejarlo para más tarde, cuando su buen entender lo considerase oportuno.
Mientras tanto, en los aposentos contiguos...
Doña Alyson: Vieron vuestras mercedes la cara de puta loca de Doña Daniela?
Doña Elettra: Y tan cierto! Si pareciese tal que drogada!
Doña Irma: Por San Mariano Bendito! Ida parecía! Fuera de sí!
Doña Elettra: Endemoniada! Satanás! Exorciiiiismo!
Doña Alyson: Loca...loca!
Mención aparte la que esta humilde narradora hace con el ilustre gas que Doña Aída, siempre tan filantrópica y generosa, dejó escapar de sus lindas posaderas mientras tumbada en su camastro reía sueltamente con Doña Daniela, quien no le afeó el gesto, aunque Doña Aída lo negase vehementemente. De todos es sabido que las damas no se peen.
Y así, el ambiente ya de por sí enrarecido de la posada de Guadalix se vio enturbiado una vez más por una broma que acabó en drama. Doña Daniela y Doña Elettra, tan amigas antaño, se baten ahora en un duelo que ni el Hidalgo con los molinos. Doña Irma recuerda con nostalgia las palabras de aquel que cantaba Aucas y Aleluyas y que antaño les acompañó: El Abad Alejandro, quien acusaba a Doña Daniela de ser poseedora de una mirada diabólica. Y por su parte, Doña Emma hacía una proposición difícil de rechazar por parte de las demás damiselas: organizar un bello coro durante la hora de las viandas dedicado a Doña Aída y que rezase... "Adoro mi caca".
Hasta aquí el aromático relato de lo acontecido anoche en aquel lugar de la Sierra de Guadalix de cuyo nombre no quiero acordarme... Espero haberles entretenido y que no tomen mis letras como ejemplo de literatura seria. Sólo he intentado trasladar jocosamente a este humilde lugar de cómo unos hechos que pudiendo no tener importancia, han sido bastante reveladores para quien les habla.
Damas y Caballeros... que tengan un buen día.
En un lugar de la Sierra de Guadalix, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho que aconteció un suceso, que no por haber sido protagonizado por damas de ilustre nombre, podríamos llamarlo "de señoras de alta alcurnia". Me apena comprobar que los libros de caballerías siempre han sido referidos a caballeros andantes y no ha nombre para los libros de andanzas de damiselas ociosas y de dudoso gusto. Por ello mi osadía me anima a bautizar dichos libros sin nombre como "Libros de Damiselías", y espero que vuestras mercedes tomen esta mi licencia como un sainete jocoso y de poca trascendencia.
Hete aquí que Doña Elettra Culo de Mula, llamada así por las evidentes protuberancias en sus cuartos traseros y no por el número de cabezas de sus caballerizas, y Doña Aylén de todos los Chiles y Argentinas, se encontraban la noche de ayer en sus aposentos ociosas y completamente hastiadas. Charlaban entre ellas de fruslerías varias cuando una de ellas vio una luz en el horizonte que cegó sus pocas entendederas y cual gorrino retozante y animoso, dio un brinco en el camastro y le dijo a su compañera de aventuras:- Pardiez! Algo grato me llega a la mente! No podemos seguir con aquesta inacción! Deleitemos a nuestros compañeros de posada con una brillante a la par que divertente chanza!!.
- Qué proponéis, amiga mía?. Contestó la otra.
- Divirtamosnos! Tiene vuestra merced ganas de cagar?
- Cagar?? Pero qué tramáis.... picaruela!
- Tenéis??
- No, no tengo. Es imprescindible para vuestros planes? Porque podría esforzarme... No cenamos duelos y quebrantos, pero las lentejas son más flatulentas.
- Bien. Acompañadme al excusado.
Y entre risas y carrerillas se encaminaron las doncellas al lugar habilitado en la posada para las deposiciones y las aguas menores, donde, convenientemente encerradas con cerrojo y siete llaves, comenzaron a llevar a cabo su plan, consistente en el esparcimiento por todo el recinto de papeles mancillados con algo color parduzco y maloliente. Pero no contaban ellas con la inesperada visita al excusado de Doña Aída de Nízar y Otrasyerbas que venía acompañada de su escudera Doña Daniela Masyerbastodavía Ypuedequefumadas, que se disponían a aliviar sus hinchadas y aporreadas vejigas, y se encontraron con la puerta del excusado cerrada. Al intentar abrirla, oyeron voces.
- Quién va??. Dijo una de las damas, Doña Aída.
- Soy yo, pero va poco. Paciencia os imploro!. Contestó Doña Elettra
- Salid ligera!
- Eso intento!
- Salid ya! Tal es mi urgencia!
Mientras tanto, Doña Daniela escuchó unos gemidos procedentes de no tenía muy claro dónde y mandó callar a Doña Aída, que seguía a voces con la puerta del excusado. No tardó la dama en comprobar que los gemidos venían de tras la misma puerta, pues rauda cual rayo de allí salió Doña Aylén, con los cabellos cubriendo su rostro y haciendo como que lloraba (en realidad reía, la muy ladina). Tras Doña Aylén, Doña Elettra, más pausada y cubierta con una capamanta.
- Finitto. Podéis penetrar adorables damas.
Cuando las adorables penetraron en tan estrecho y maltrecho cubículo, se tornaron sus humores en maledicencias y convinieron vengar tamaña afrenta. Dijo Doña Aída:
- Quita, que voy a cagar!
Y cagó. Y esparcióse mierda y boñigas, ahora sí, por el suelo del excusado. Y el hedor se tornó tan insoportable que ni el Ilustre Caballero Don Marco Amore pudo soportarlo, pues al intentar micción cayó casi fulminado al punto.
La batalla estaba servida y el Libro de Damiselías en marcial marcha.
Gritos e improperios se escuchaban por todas las estancias de la posada. De una parte Doña Aída y Doña Daniela, muy dignas, pedían explicaciones urgentes a Doña Aylén en uno de los dormitorios, mientras Don Marco observaba la escena atónito y sin mediar palabra, tan elegante como siempre. De otra parte y en otro de los aposentos, Doña Elettra, Doña Emma La Inerte, Doña Irma La Dulce, y Doña Alyson La Ultramarina, escuchaban incrédulas a la par que divertidas la cada vez más agria conversación entre las damas vecinas.
La broma quedó en disgusto, pues nadie tenía a bien limpiar el honor y el hedor dejado por las damas. Para alivio de los presentes, Doña Aída aseó el excusado de sus regalos, pero dejó para Doña Aylén el lustre del resto de la broma, que se dispuso a dejarlo para más tarde, cuando su buen entender lo considerase oportuno.
Mientras tanto, en los aposentos contiguos...
Doña Alyson: Vieron vuestras mercedes la cara de puta loca de Doña Daniela?
Doña Elettra: Y tan cierto! Si pareciese tal que drogada!
Doña Irma: Por San Mariano Bendito! Ida parecía! Fuera de sí!
Doña Elettra: Endemoniada! Satanás! Exorciiiiismo!
Doña Alyson: Loca...loca!
Mención aparte la que esta humilde narradora hace con el ilustre gas que Doña Aída, siempre tan filantrópica y generosa, dejó escapar de sus lindas posaderas mientras tumbada en su camastro reía sueltamente con Doña Daniela, quien no le afeó el gesto, aunque Doña Aída lo negase vehementemente. De todos es sabido que las damas no se peen.
Y así, el ambiente ya de por sí enrarecido de la posada de Guadalix se vio enturbiado una vez más por una broma que acabó en drama. Doña Daniela y Doña Elettra, tan amigas antaño, se baten ahora en un duelo que ni el Hidalgo con los molinos. Doña Irma recuerda con nostalgia las palabras de aquel que cantaba Aucas y Aleluyas y que antaño les acompañó: El Abad Alejandro, quien acusaba a Doña Daniela de ser poseedora de una mirada diabólica. Y por su parte, Doña Emma hacía una proposición difícil de rechazar por parte de las demás damiselas: organizar un bello coro durante la hora de las viandas dedicado a Doña Aída y que rezase... "Adoro mi caca".
Hasta aquí el aromático relato de lo acontecido anoche en aquel lugar de la Sierra de Guadalix de cuyo nombre no quiero acordarme... Espero haberles entretenido y que no tomen mis letras como ejemplo de literatura seria. Sólo he intentado trasladar jocosamente a este humilde lugar de cómo unos hechos que pudiendo no tener importancia, han sido bastante reveladores para quien les habla.
Damas y Caballeros... que tengan un buen día.
PK-Grosella
